Herramientas para brillar en el arte de la buena conversación

Herramientas para brillar en el arte de la buena conversación

 

A pesar de los increíbles avances en el campo de las comunicaciones, desde los móviles hasta Skype que nos permiten vernos y conversar cara a cara con personas en casi cualquier parte del planeta, muchas personas tienen dificultad para entablar y mantener una conversación en persona. Por suerte, el problema tiene fácil solución. Basta con aprender ciertas técnicas que abren las líneas de comunicación y facilitan el diálogo. Y después salir a la calle y practicar.

Aquí tienes las “herramientas” necesarias para brillar en el arte de la buena conversación.

  1. Para resultar interesante, muestra interés. Hay personas que dicen que no saben qué decir para abrir la conversación, sobre todo con una persona que acaban de conocer. “No tengo nada interesante que compartir” o “No se me ocurre qué decir” son sus excusas más comunes. La realidad es que el arte de encantar a otro ser humano consiste mostrar interés en esa persona; ¿Cuáles son sus intereses? ¿Qué opina de tal noticia? ¿De dónde es y qué le gusta del lugar donde vive? Cualquier tópico puede generar una conversación si te interesas en saber qué opina la otra persona. Para asegurarte de que la conversación fluya, haz preguntas abiertas como “¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?” que hacen que la persona se extienda en el tema y no responda con monosílabos. Además escucha para entender. No interrumpas. Si no entiendes, admítelo y pide que te aclaren.
  1. Mantente informado. La persona que lee el diario, que se mantiene informada de las noticias, que va al cine o lee libros interesantes, siempre tiene un tema de qué hablar. O, al menos, un tópico de interés para comenzar el diálogo.
  1. No monopolices la conversación. De la misma manera que algunas personas no saben qué decir, hay otras que no saben cuando deben callar y escuchar. Para que una conversación sea agradable y productiva, nadie debe dominar el diálogo por que se convertiría en un monólogo. Después de que se inicia el diálogo, toma nota de cuánto hablas y deja un espacio para que la otra persona exprese su opinión de lo que acabas de decir o para que contribuya con su propio tema. Y si en el intercambio estás ofreciendo una crítica, trata siempre de dar una crítica constructiva. Quizás no es fácil escuchar lo que te dicen, o incluso sientes que es injusto. Pero es importante que entiendas lo que siente o piensa la otra persona, pues solo así podrás dirigirte a la verdadera causa del problema, según ella la entiende.
  1. Corrige los malos hábitos. Si hablas muy rápido, corres el peligro de atormentar a la otra persona y de causarle ansiedad. Si lo haces muy alto, puedes abrumarla. Si hablas muy bajo, obligas a que la otra persona se esfuerce en escucharte y que resulte trabajoso. Hablar de una manera muy lenta, o deteniéndote a cada momento para buscar la palabra perfecta, hace que la otra persona pierda interés o se impaciente. Exprésate en forma clara y directa. Elimina las malas palabras, el sarcasmo y las faltas de respeto que enturbian el mensaje y ponen a la otra persona a la defensiva. Expón tu caso de una manera ecuánime y respetuosa.
  1. Mantente enfocado en esa persona. Sin acaparar a la persona, y asegurándote de incluir a los demás que se acerquen, dale la atención y el respeto que merece. Es de mala educación mirar sobre su hombro para ver si alguien más interesante entra en la habitación o lo mismo que dedicarte a jugar con el móvil. No saques a relucir cosas que pasaron hace seis meses o que no vienen al caso. De esta manera se diluye el diálogo y se hace más difícil llegar a un entendimiento. Mantente en el presente y lidiando únicamente con el tema en cuestión.
  1. Acepta las diferencias. A veces, es preciso aceptar y respetar que la otra persona ve las cosas de una manera diferente a la nuestra. Si no es posible llegar a un acuerdo, al menos es posible llegar a un entendimiento mutuo y respetuoso de las diferencias entre ambas.
  1. No te creas superior y cuidado con el yo, yo y yo. Comunicarse es interrelacionarse, no hay comunicación cuando uno está arriba y otro abajo. Ser empática permitirá que conozcas más sobre ella, y se abrirá a compartir contigo muchas más cosas que si te tuviera por su jefe o su empleado. Desecha el pensamiento de que eres el centro del mundo, si Dios quisiera que el universo girara entorno a ti, no te hubiera puesto en este insignificante pedazo de tierra en una de las miles de millones de galaxias que existen. La comunicación exige enseñar y aprender, decir y escuchar, dar y recibir, afirmar y reconocer, es un camino de doble vía, cuando no de múltiple vía.

 

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Fuentes: rincon-del-pensar.blogspot.com.esvidasana.about.comvidasana.about.com y pixabay.com


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